el excitante polvo
Con la punta de su lengua toca la parte superior de su labio.
Suspira. Una sonrisa se apodera de su rostro, mientras
las puntas de sus dedos recorren sus brazos.
Todava no sale de su asombro. Parece que es cierto que hay
ojos que cada da codician nuestro cuerpo y una, de puro
descuido, no se da ni cuenta.
Eso fue lo que le ocurri. Claro, tena sus razones. l tiene
seis aos menos que ella...Para ser honestas y exactas,
ocho. Siempre lo vio como un muchacho ms, bastante plido
y retrado...
Ni siquiera sabe cmo empez todo. Ella fue a su departamento,
a la despedida de un amigo en comn, y cuando se iba l la invit
a tomarse un ltimo trago.
De repente, le comenz a contar lo mucho que a l le diverta
verla discutir con sus compaeros de la oficina y lo sombras
que eran las tardes en que su vista se posaba, melanclica,
en ese horizonte ficticio que llenaba con el humo de su cigarro.
Su mano atraves entonces la pequea mesita del caf. Le
acarici el cabello y se pos en su mentn. Una corriente
elctrica la remeci. l se puso de pi, y con una dulzura
inusitada la bes. Primero en la frente, muy suave, luego
en las mejillas. Entre beso y beso, la miraba. Estaba perpleja.
Paralizada.
Con mucho cuidado, l la desvisti. Primero la blusa una
bien roja y con un gran escote-. Luego los sostenes negros,
que siempre se pone cuando sale de noche por si la vida le
depara una sorpresa.
Hicieron el amor en la alfombra. Le bes el cuello, los senos,
la vagina. En honor a la verdad, le acarici el alma y ms,
mucho ms.
Durmieron abrazados en su cama. Rompiendo todas sus reglas,
ella se qued para verlo despertar. l le llev el desayuno,
pero no dijeron nada. Slo se miraron con paz, con una enorme
paz.
El recuerdo la invade. Sus manos atrapan ese inasible bienestar
en la desnudez de la noche. Fue el mejor polvo de su vida.
Nunca se haba sentido tan frgil ni tan deseada.
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